sábado, 1 de octubre de 2016

Los asombrosos "pasaportes para el más allá" que los egipcios utilizaban hace 2.000 años

Los asombrosos "pasaportes para el más allá" que los egipcios utilizaban hace 2.000 años

La máscara de oro de Tutankamón.Image copyrightTHINKSTOCK
Image captionTan esplendorosa y tan famosa.
Si nos ponemos a hablar de momias, probablemente se te vienen a la mente imágenes como la máscara funeraria de oro de Tutankamón.
Aunque si eres aficionado a las películas de horror, de fantasía y los videojuegos, quizás pienses primero en algo más parecido a esto:
Momia aterradoraImage copyrightTHINKSTOCK
Image captionAterradora.
Sin embargo, las momias tienen más caras de las que aparecen con frecuencia en la cultura, refinada o popular, o hasta refinadamente popular, como en este caso.
Y algunas de esas caras, además de ser impactantes, sobrecogedoras y hermosas, son sorprendentes por su estilo; se les ha llamado "las pinturas modernistas más antiguas".
Se trata de los retratos de Fayum, y si ya los conocías probablemente entiendes el entusiasmo que las acompaña desde su descubrimiento.
Civilización egipcia, período romano, siglo IV. Retrato de una mujer. Pintura en madera de El Fayum.Image copyrightGETTY IMAGES
Image captionCada pintura mide alrededor de 30x15 cms., casi del tamaño real.
Son los retratos pintados más antiguos que han sobrevivido, gracias en parte al clima seco de la zona donde permanecieron enterrados durante siglos.
Su magnífica condición permite ver, casi dos mil años después, la huella de la espátula con la que el artista le dio vida a su modelo.
Estos eran retratos para acompañar a la momia de la persona retratada, niños, mujeres y hombres que vivían y fallecían en "el jardín de Egipto", el oasis de Fayum, a unos 100 kilómetros al sur de Cairo.
Fueron encontrados en cementerios del lugar, y luego en otros sitios, a finales del siglo XIX, la mayoría de ellos sostenidos por la envoltura de gasa de las momiasjusto en el lugar en el que la cara estuvo alguna vez.
Una momia de un niño del período romano excavada en Hawara, Egipto. Ahora está en el Museo Egipcio, Cairo.Image copyrightGETTY IMAGES
Image captionUna momia de un niño del período romano excavada en Hawara, Egipto. Ahora está en el Museo Egipcio, Cairo.
Poco se sabe de ellos con certitud.
Los expertos tienen teorías encontradas, pero en conjunto se puede decir que datan de entre el 50 y el 250 d.C.
También se sabe que son el producto de una sociedad multicultural, pues en ese momento Egipto era parte del Imperio romano y había griegos descendientes de los soldados de los ejércitos macedonios de Alejandro el Grande que se habían asentado ahí.
Eso es evidente en la combinación de imaginería religiosa de Roma y Egipto. Por ello, los egipcios los consideran grecorromanos y los grecorromanos los consideran egipcios.
Eso es una muestra de la cantidad de teorías existentes sobre los Retratos de Fayum, varias de ellas acerca de su razón de ser.
Ataúd de una niña con retrato.Image copyrightGETTY IMAGES
Image captionEn ocasiones, los retratos estaban en el ataúd, siempre en el lugar donde habría estado el rostro y de un tamaño similar.
La teoría predominante y la más intuitiva es que servían como documentos de identidad.
Si no estabas a la altura de alguien como Tutankamón, una máscara fúnebre de oro o cualquier otro material era una posibilidad remota.
Entonces, ¿cómo te iba a reconocer Anubis, el dios que recibía a los muertos, momificaba sus cuerpos para hacerlos incorruptibles y eternos y asistía al pesaje del corazón para determinar si el alma podía entrar al reino de Osiris?
Y no sólo Anubis te debía reconocer en ese mundo que habitarías después de la vida.
Retrato de Fayum de un joven con un pájaro en el hombro.Image copyrightGETTY IMAGES
Image captionNo todos los retratos son de la misma calidad, pero éste nos muestra a ba, que era el alma o el espíritu, representado con un pájaro.
En la mitología egipcia, entre los componentes del espíritu humano estaban el ka y el ba, que sobrevivían al cuerpo si se reunían periódicamente con sus restos.
El ka -algo así como la fuerza vital- se quedaba en la momia o en una imagen o, si era rico, en una estatua del difunto.
El ba, que en los retratos aparece representado como un pájaro y es algo semejante al alma o al espíritu, podía ir a buscar comida y bebida pero tenía que volver a la tumba en la noche para nutrir a ka.
Como era vital que ka y ba se reunieran, también lo era que las momias fueran fácilmente identificables.
La solución: estas obras tan excepcionales, no sólo por ser de un período tan distante, sino también porque habría que esperar más de mil años hasta que artistas como Goya, Dürer, Leonardo da Vinci, Tintoretto, Rafael y Vermeer capturaran la personalidad de sus sujetos con tal maestría.
En el intervalo, algo de la expresión se perdió en los retratos, incluso de los que representaban sujetos que despertaban tantas pasiones, como las figuras religiosas, como en éste del italiano Francesco Traini (activo entre 1321-1345).
Madona con su hijo y Santa Clara, 1340-45. Alojado en Princeton University Art MuseumImage copyrightCREATIVE COMMONS
Image captionOtro estilo... otra belleza.
Pero hay otro aspecto tremendamente fascinante. Como escribió el crítico de arte, artista y escritor John Berger, "los retratos de Fayum nos tocan como si hubieran sido pintados el mes pasado. ¿Por qué? Ese es el enigma".
"Fueron pintados al mismo tiempo que se estaban escribiendo los evangelios del Nuevo Testamento. ¿Por qué nos parecen ahora tan inmediatos? ¿Por qué se siente en ellos una individualidad como la nuestra?", se pregunta.
Tras ver varios de los cerca de mil retratos de Fayum hallados en una exposición en el año 2000 en el Museo Metropolitano de Nueva York, la reacción del crítico de arte del New York Times Holland Cotte fue similar a la de Berger.
"Los rostros parecen conocidos", apuntó.
"Ahí está la chica más linda del colegio, y ese tipo arrogante con el que se casó. Allá ese primo distante, un amigo que casi no recuerdas de la universidad y hasta ese viejo amor que prefieres olvidar".
Retrato de Demos, una joven que murió a los 24 años. De El-Fayum. Ahora en el Museo Egipcio de Cairo.Image copyrightGETTY IMAGES
Image caption¿Una tía a la que deberías visitar más a menudo?
Un retrato de Fayum de dos hermanos de Sheikh Abada, Egipto. Los jóvenes pueden haber sido guerreros que murieron al tiempo.Image copyrightGETTY IMAGES
Image caption¿Esos hermanos que se robaban todos los corazones?
Retrato de una hermosa joven.Image copyrightGETTY IMAGES
Image captionEsa chica que te duele recordar...
"Es como si acabaran de avanzar tentativamente hacia nosotros, así, de frente", señala Berger y resalta algo que no podemos pasar por alto: aunque nos cautivan, estos retratos no fueron creados para ser vistos.
"Ni quienes ordenaron los retratos, ni quienes los pintaron se imaginaron jamás que serían vistos. Eran imágenes destinadas a ser enterradas, sin futuro visible".
Ni el retratado era un modelo, ni el pintor estaba en busca de gloria futura.
En ese sentido, no son 'retratos' como entendemos el término, explica. Son diferentes, pues no fueron pintados para la posteridad, para que los vieran generaciones futuras.
"(El artista de los retratos de Fayum) era el pintor de la Muerte o, tal vez más exactamente, el pintor de la Eternidad".
Retratos de FayemImage copyrightGETTY IMAGES
Image captionMirándote de frente, con expresiones que puedes interpretar, a través de los siglos.

Cómo la bombilla eléctrica desató una revolución científica y se volvió una pesadilla para Einstein

Cómo la bombilla eléctrica desató una revolución científica y se volvió una pesadilla para Einstein

bombilloImage copyrightTHINKSTOCK
Image captionEn busca de la luz, los científicos se internaron en un oscuro túnel lleno de sorpresas.
A pesar de las complejidades de la vida diaria, las reglas de nuestro universo parecen reconfortantemente simples.
El agua de un arroyo siempre fluye montaña abajo, la piedra que tiras desde la orilla siempre cae siguiendo una curva predecible.
Pero cuando los científicos se pusieron a fisgonear entre los minúsculos bloques elementales de la materia, toda certitud se esfumo.
Encontraron el extraño mundo de la mecánica cuántica.
En lo profundo de todo lo que vemos a nuestro alrededor, encontramos un universo completamente distinto al nuestro.
Parafraseando a uno de los fundadores de la mecánica cuántica, lo que llamamos real está hecho de cosas que no podemos considerar reales.
Hace unos 100 años, varios de los más grandes científicos entraron en un mundo extraño y encontraron que en el reino de lo diminuto, las cosas pueden estar en dos lugares al mismo tiempo, que sus destinos los dicta el azar; es una dimensión en la que la realidad desafía al sentido común.
Se enfrentaron con una posibilidad aterradora: la de que todo lo que pensábamos que sabíamos sobre el mundo podía ser completamente errado.
La historia de nuestro descenso al delirio científico empezó con un objeto muy improbable.

Berlín, 1890

Berlín, circa 1890.Image copyrightGETTY IMAGES
Image captionAlemania anhelaba empezar a vivir su futuro.
Alemania era un nuevo país, recientemente unificado y ansioso por industrializarse.
Varias firmas de ingeniería fueron fundadas y gastaron millones en la compra de la patente europea del nuevo invento de Thomas Edison: la bombilla de luz.
Era el epítome de la tecnología moderna y un gran símbolo optimista de progreso.
Las compañías de ingeniería sabían que podían ganar fortunas encargándose de iluminar las calles del nuevo Imperio alemán.
Lo que no anticiparon fue que además iban a desatar una revolución científica.
Aunque parezca raro, ese humilde objeto fue el responsable del nacimiento de una de las teoría más importante de toda la ciencia: la de la mecánica cuántica.

¿Cómo?

El foco de luz presentaba un problema extraño.
Los ingenieros sabían que si calentabas el filamento con electricidad, brillaba.
Pero no sabían por qué.
Algo tan básico como la relación entre la temperatura del filamento y el color de la luz que produce era un misterio total.
Un misterio que obviamente deseaban resolver. Y, con la ayuda del nuevo Estado alemán, vieron cómo ganarle la carrera a la competencia.
En 1887, el gobierno alemán invirtió millones en un nuevo instituto de investigación técnica en Berlín, el Physikalisch-Technische Reichsanstalt, o PTR.
Luego, en 1900, contrataron a un científico brillante, aunque algo puritano, para que trabajara ahí.
Su nombre era Max Planck.
Busto de Max PlanckImage copyrightGETTY IMAGES
Image captionEl trabajo del físico teórico sobre mecánica cuántica lo hizo merecedor del Nobel de Física en 1918.
Planck se propuso resolver el aparentemente simple problema del cambio del color del filamento con la temperatura.
Para investigar, Planck y su equipo hicieron un tubo especial que podían calentar a temperaturas muy precisas junto con un dispositivo que medía el color o frecuencia de la luz que producía.
A medida que aumentaba la temperatura, los colores cambiaban:
A 841º centígrados, la luz era de color rojo anaranjado.
A 2.000º, el color era más brillante y blanco.
Para producir ese color se necesitaban, comprobaron, 40 kilovatios.
Pero algo les llamó la atención: aunque la luz era más que blanca, era rojo-blanca, casi no tenía azul.
LucesImage copyrightTHINKSTOCK
Image captionMientras que nosotros probablemente sólo habríamos pensado: "¡Súper... no más velas!", los científicos se preguntaban por qué la luz no era más azul.
¿Por qué era tan difícil conseguir que llegara a azul? Y más allá del azul en el espectro, la llamada luz ultravioleta casi no se produce.
Ni siquiera una estrella como el Sol, que arde a 5.500º centígrados, produce tanta luz ultravioleta como uno pensaría dada su temperatura.

La catástrofe

Esa extraordinaria falta de sentido dejó a los científicos de finales del siglo XIX tan perplejos que le dieron un nombre muy dramático.
Lo llamaron: la catástrofe ultravioleta.
Planck dio un primer paso crucial para resolverla.
Encontró el vínculo matemático preciso entre el color de la luz, su frecuencia y su energía, aunque no entendió la conexión.
No obstante fue otra extraña anomalía la que puso al gato en el palomar.

El efecto

A finales del siglo XIX, los científicos estaban estudiando las entonces recién descubiertas ondas de radio y la manera en la que se transmitían.
Para hacerlo, construían artilugios con discos giratorios que podían generar alto voltaje que hacía que saltaran chispas entre dos esferas de metal.
Esferas de metal en el momento en el que salta una chispa
Image caption¿Por qué iluminar estas esferas hacía que las chispas fueran más rápidas?
Al hacerlo, descubrieron algo inesperado relacionado con la luz.
Si dirigían una luz poderosa para que iluminara las esferas, las chispas brincaban con más facilidad.
Eso indicaba que había una conexión misteriosa e inexplicada entre la luz y la electricidad.
Más que eso, la conexión era con la luz azul y ultravioleta, no la roja.
Este nuevo rompecabezas recibió el nombre de efecto fotoeléctrico y junto a la catástrofe ultravioleta se convirtieron en serios problemas para los físicos, pues ninguno podía resolverse con lo más avanzado de la ciencia de la época.

Quantum

¿Cómo podía ser que la intensa luz roja no pudiera hacer lo que la débil ultravioleta lograba en segundos?
Para resolver el problema alguien tendría que pensar lo impensable y, en 1905, alguien lo pensó.
Ese alguien fue Albert Einstein.
Caricatura de EinsteinImage copyrightGETTY IMAGES
Image captionNo fue por la Teoría de la Relatividad que Einstein recibió el Nobel sino "por sus servicios a la Física Teórica y, especialmente, su descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico".
Lo que sugirió fue revolucionario y hasta herético.
Argumentó que había que olvidarse de la idea de que la luz era una onda y pensarla como un flujo de partículas.
El término que usó para denominar a esas partículas de luz fue cuanto (del latínquantum, que significa cantidad).
Aunque la palabra no era nueva, la idea de que la luz pudiera ser un "cuanto"era más que excéntrica.
No obstante, fue siguiendo esa herética línea de pensamiento hasta su conclusión lógica que se solucionaron todos los problemas con la luz.

A grandes rasgos

De acuerdo con la propuesta de Einstein, cada partícula de luz roja tiene poca energía pues su frecuencia es baja. Lo contrario ocurre con la luz ultravioleta.
Era por eso que, en el efecto fotoeléctrico, la ultravioleta era la que tenía fuerza para cambiar lo que ocurría con la electricidad.
Y era por eso que, en la "catástrofe ultravioleta", el foco no brillaba con luz azul ni ultravioleta porque requería mucha más energía para poder hacerlo.
foco de luz ultravioletaImage copyrightTHINKSTOCK
Image captionLa luz ultravioleta alumbró la revolución en la física.
"Ese momento al principio del siglo XX marcó una revolución genuina pues demostró que la Física tenía que ser abordada de una manera completamente nueva", señala el historiador de ciencia y físico, Graham Farmelo.
"La Física -añade- nunca se recuperó de ese momento en el sentido de que está construida sobre la base de ese momento. Ahí fue cuando la Física moderna realmente empezó".

Un legado particularmente difícil de resolver

Fue así que una sencilla pregunta -cómo funciona las bombillas de luz- llevó a los científicos hacia las profundidades del funcionamiento escondido de la materia, a explorar los componentes subatómicos de nuestro mundo y a descubrir fenómenos hasta entonces inauditos.
Fue así como se abrieron las puertas de la física cuántica.
Científicos llegarían a proponer teorías tan extrañas que uno de ellos, el brillante Neils Bohr llegó a decir que si a alguien no lo confundía la mecánica cuántica, seguramente no la había entendido.
Y eso que fueron él y sus colegas quienes crearon la mecánica cuántica, una loca teoría de la luz y la materia que acoge la contradicción y no le importa que es casi imposible de entender.
Una ciencia que argumentaba cosas tan inusitadas como que uno nunca puede saber dónde está un electrón hasta que lo mide, y no es sólo que no sabes dónde está, sino que es más bien como si el electrón estuviera en todas partes al mismo tiempo.
Niels Bohr con Albert EinsteinImage copyrightGETTY IMAGES
Image captionBohr y Einstein discutieron durante años sobre la realidad.
Pero quien abrió las puertas a este mundo, Albert Einstein, poco después le incomodó el camino que había tomado.
Einstein odiaba la idea de que la naturaleza, en su nivel más fundamental, estuviera gobernada por el azar.
Tampoco le gustaba que le pusiera límite al saber.
Estaba convencido de que tenía que haber una teoría subyacente mejor y hasta la propuso.
Durante años Einstein y Bohr discutieron apasionadamente sobre si la mecánica cuántica implicaba renunciar a la realidad o no.
Y murieron dejando ese interrogante.